22 de abril de 2016

El tercer pétalo

Inflorescencia de Orchis mascula de un ejemplar creciendo entre Cistus ladanifer en el monte de El Pardo (Madrid).
Inflorescencia de Orchis mascula de un ejemplar creciendo entre Cistus ladanifer en el monte de El Pardo (Madrid).



Para mucha gente son flores exóticas que sólo podemos ver en las regiones tropicales o en las floristerías a precios elevados y con unos cuidados muy difíciles; pero las orquídeas (Orchidaceae) conforman una de las dos familias de plantas más diversas (junto con Asteraceae, las compuestas), con cerca de 25.000 especies diferentes y una relativa facilidad para hibridar de forma natural. Es cierto que en los trópicos dicha diversidad alcanza su máximo, pero las orquídeas aparecen en multitud de hábitats diferentes y podemos encontrarlas distribuidas por todo el planeta, a excepción de los polos y los desiertos de arena.
Una de las características más llamativas de esta familia son las formas y colores de sus flores, que han evolucionado siguiendo de los modos más originales posibles para asegurar su polinización, que suele ser entomófila (llevada a cabo por insectos).

Si en esta entrada veíamos cómo se disponían las piezas florales en las monocotiledóneas; la mayoría de orquídeas, como la Orchis mascula que aquí nos ocupa, no hace demasiado caso de estas reglas.
En su perianto (verticilos no fértiles de la flor), pensado para llamar la atención de los polinizadores, sí que distinguimos tres sépalos (en violeta más oscuro) y tres pétalos no siempre fáciles de identificar. Los dos pétalos superiores (muy reducidos en algunas especies) suelen ser menos llamativos y en este caso se pueden ver de un color más pálido y juntos bajo el sépalo central.
¿Y toda esa estructura blanca y violeta con puntos y el margen ondulado que sale por debajo de lo demás? Ahí está el tercer pétalo de las orquídeas. Se le denomina labelo y es el elemento más variable y llamativo de la familia, pues se modifica de una especie a otra, bien tomando forma de saco, imitando a hembras de insectos o sirviendo de anuncio para posibles interesados en alcanzar el dulce néctar.
Las especies que, como ésta, optan por producir néctar para atraer a los polinizadores lo hacen en un nectario, escondido al fondo de una estructura alargada llamada espolón, que se puede ver en la foto por detrás de la flor, curvado hacia arriba. De esta forma las orquídeas consiguen forzar a los polinizadores a intentar llegar hasta el fondo de la flor y de este modo se aseguran de que su polen quede literalmente adherido a ellos.

Detalle de las flores de Orchis mascula.
Detalle de las flores de Orchis mascula.

Sin duda, la fecundación de las orquídeas es una de las más sofisticadas de todas las angiospermas. Si el mismo Darwin dedicó un libro entero ("La fecundación de las orquídeas", 1862) a tratar las técnicas que éstas plantas han desarrollado para lograr su fecundación, creo conveniente hablar de este proceso en una futura entrada con la dedicación que se merece.

Y de propina...
El nombre "orquídea" proviene de la palabra griega ορχις (orchis) que además de al género de la protagonista de hoy, da nombre a la familia entera. Pues lejos de significar nada poético, en griego esta palabra significa "testículo" y dado que en nada se parecen sus flores a un par de esos; la causa se encuentra bajo tierra. Resulta que las especies del género Orchis forman unos tubérculos semifusionados que les ayudan a sobrevivir todo el invierno bajo tierra y que al señor Teofrasto, que escribió sobre este género allá sobre el siglo III a.C. le recordaron justo a eso: un par de testículos.
Aquí los tenéis.



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