3 de abril de 2016

Narcisismo evolutivo

Narcissus assoanus en flor en claro de bosque de Buxus sempervirens. Campodarbe (Huesca).
Narcissus assoanus en flor en claro de bosque de Buxus sempervirens. Campodarbe (Huesca).



Uno de los obstáculos más importantes a los que se enfrenta todo ser vivo para asegurar la supervivencia de su especie y avanzar en cuanto a evolución se refiere, reside en el intercambio genético entre individuos. Pero cuando nos centramos en las plantas, en su mayoría sin capacidad locomotora y dependientes de un sustrato concreto para su supervivencia; las dificultades para encontrar un método de cruzar sus gametos con los de otros individuos hacen ese obstáculo aún mucho más difícil de superar. Sin embargo, con el surgimiento de las angiospermas, hace 140 millones de años, el reino vegetal da un gran salto en este sentido. El propio Charles Darwin hablaba del "abominable misterio" al buscar una explicación a la rápida expansión y diversificación de las angiospermas por todo el planeta y sobre otros grupos vegetales en un periodo de tiempo tan breve, evolutivamente hablando.

Con su gran variedad de colores, formas y técnicas para atraer polinizadores, las flores suponen la especialización llevada a puntos insospechados en lo que a órganos reproductores se refiere. Gracias a ellas, la polinización pasa de ser anemófila (a través del viento) a zoófila (llevada a cabo por animales), por lo que la cantidad de polen que tiene que producir la planta se reduce enormemente, aumentando la eficacia del mismo y dándoles una ventaja muy notable. Si bien la energía necesaria para formar las flores y producir el néctar supone una importante inversión para la planta, es esta especialización la que ha llevado a las angiospermas a dominar el reino vegetal en la actualidad, al menos a nivel macroscópico.

La protagonista de hoy es una flor, sí; aunque algo diferente del típico esquema de la flor que a todos se nos viene a la cabeza cuando nos imaginamos sus pétalos, sépalos y demás. En el caso de la especie que protagoniza esta entrada, Narcissus assoanus, y de las monocotiledóneas en general, este esquema se ve bastante alterado. Esas estructuras amarillas que hacen esta flor tan llamativa tanto para sus polinizadores como para el ser humano, que desde antiguo la ha cultivado como adorno en sus jardines; no son pétalos, sino tépalos. Y esto tiene su explicación.
Como todas las flores, ésta también cuenta con cuatro verticilos, pero los dispone de forma diferente(esta imagen ilustra lo que sigue. Los dos verticilos externos o perianto (que formarían cáliz y corola en las dicotiledóneas), se disponen muy cercanos y tienen cada uno tres tépalos. El tercer verticilo, el androceo (conformado por los estambres), se ha unido a los tépalos en su base y ha formado una corona central, también de color amarillo y con seis anteras (tres superiores y tres inferiores) cargadas de polen en su interior. Y por último el gineceo, que es el más interno y está compuesto por el estigma, el estilo y el ovario con tres carpelos llenos de óvulos.

Y de propina...
Puede que te hayas dado cuenta de que hay algo de matemática en el número de carpelos, tépalos y anteras de N. assoanus. Resulta que en la inmensa mayoría de monocotiledóneas, las piezas florales van siempre de tres en tres o múltiplos de tres. En este caso: 6 tépalos (3 por verticilo del perianto) 6 anteras (3 superiores y 3 inferiores) y 3 carpelos en el ovario.




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Clado
Clado
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Angiospermae
Eucotyledoneae
Asparagales
Amaryllidaceae
Amaryllidoideae
Narcissus
N.assoanus

1 comentario:

  1. Hola Andrés.. Me parece fenomenal.. Tienes un blog con mucho gusto y unas excelentes imágenes.. Ya te enlazo con el mío y estamos en contacto. Qué pases una buena semana..

    Saluditos

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